Bernard Shaw, sobre el sentido de la vida: …

Bernard Shaw, sobre el sentido de la vida: «La vida no consiste en encontrarse a uno mismo, sino en crearse a uno mismo»

¿Estás esperando a saber quién eres? El pensador inglés Bernard Shaw te diría que es hora de ponerte en acción. No puedes ser un sujeto pasivo de tu vida, debes pasar convertirte en un agente activo de tu identidad.

Bernard Shaw sostenía que la identidad no se encuentra, sino que se construye a lo largo de toda la vida.

¿Quiénes somos en realidad? Esa es una de las grandes preguntas que estamos obligados a plantearnos al menos una vez en la vida. A saber, el mejor momento para hacerlo suele ser la adolescencia. Cuando nos separamos del cómodo nido del hogar, cuando dejamos de explicarnos en relación a nuestros padres y comenzamos a conformar ese “yo” individual, desanclado de las dinámicas familiares.

Pero a quien piense que con superar la adolescencia ya lo tenía todo ganado le espera una gran decepción. Esta pregunta nos acompaña toda la vida. A veces permanece en silencio, relegada por otras cuestiones más urgentes. Tarde o temprano, sin embargo, vuelve a aparecer sobre la mesa. ¿Quiénes somos en realidad? En el siglo XXI, con nuestra acostumbrada comodidad, esperamos que sean otros quienes respondan la pregunta. O incluso que aparezca en nuestra mente como por arte de magia. Pero la identidad no se descubre, diría Shaw, se crea. Y eso implica que es hora de pasar a la acción.

UNA IDENTIDAD EN CONSTRUCCIÓN

Crecer no es descubrir quién eres, sino empezar a tomar decisiones que te definan.
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Suele atribuirse a Bernard Shaw una cita que dice: “La vida no consiste en encontrarse a uno mismo, sino en crearse a uno mismo”. La idea encaja con lo que Shaw catalogaba como “el impulso vital”. Desde su perspectiva, la vida se orienta hacia el crecimiento, la superación y la creatividad, y no hacia la mera aceptación de todo.

Así pues, desde su perspectiva, la identidad no era algo inherente. Es decir, no nacemos siendo de determinada manera; nuestra personalidad no es una cualidad fija, sino mutable. Y como tal, tenemos la obligación no de descubrirla, sino de crearla.

La idea coincide con lo que sabemos gracias a la psicología. Hay una serie de rasgos que sí parecen ser de nacimiento, lo que llamamos “temperamento”. Podemos ser más o menos sociables, más o menos sensibles. Pero lo que conocemos como identidad es algo que se construye por medio de nuestras experiencias vitales. Y es ahí donde tenemos el mayor porcentaje de control sobre quiénes somos.

¿PARA QUÉ ESTOY AQUÍ?

El propósito no aparece antes de actuar, se revela a medida que avanzamos.
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La teoría de la identidad que podemos analizar a partir de Shaw es interesante por muchas razones. Para empezar, porque nos permite tomar una parte activa en el proceso de individualización. Las decisiones que tomemos definirán la persona que somos. Podemos, hasta cierta medida, decidir quiénes queremos ser.

Pero lo más importante viene cuando pensamos en el sentido. Se nos ha dicho que para encontrarse sentido a la vida debemos conocernos. El sentido, entendido desde la perspectiva moderna, tiene que ver con el propósito. La pregunta “¿para qué estoy aquí?” suele responderse con otra: “¿Qué puedo aportar yo al mundo que nadie más pueda?”. Es lo que Maslow llamó “necesidad de autorrealización”.

Aceptar esta idea del propósito significa aceptar que, para descubrirlo, primero debemos descubrir quiénes somos. Pero si damos por válida la intuición de Shaw, esto es una completa paradoja. Porque solo podemos saber quiénes somos cuando empezamos a actuar.

Construir el propósito

No hay identidad sin acción: solo al hacer empezamos a saber quiénes somos.
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El experto en crecimiento personal Vicente Ferrio, a quien entrevistamos en Cuerpomente, apunta en una dirección similar a la de Shaw. “Muchas veces pensamos que el propósito nos va a venir como una revelación divina, como una iluminación después de ir a un retiro espiritual o a una isla desierta. Pero yo creo que el propósito no se encuentra, se crea”, nos explicaba.

¿Y cómo se crea? Para Ferrio, se genera “con acciones, con prueba y error, con lo que vamos haciendo cada día. Poco a poco vas encontrando algo que conecta con lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y lo que a ti te hace feliz hacer”.

DISEÑA TU PROPIA VIDA

Imaginar quién quieres ser es el primer paso para empezar a convertirte en ello.
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Otro experto en crecimiento personal, Víctor Küppers, coincide también con esta intuición de Shaw, y va un paso más allá proponiéndonos un ejercicio que podemos llevar a cabo para realizar ese proceso de construcción tanto de la identidad como del sentido.

El ejercicio consiste en escribir en un papel cómo querríamos que nos describieran nuestros seres queridos tras nuestro fallecimiento. Puede sonar algo tétrico, pero en realidad es un acto poderoso. Al hacerlo, estamos enumerando aquellos valores o ideas que nos parecen más importantes.

De esa forma podemos tener la “foto” de lo que queremos llegar a ser. A partir de ese momento, tan solo debemos actuar para convertirnos en ese ideal.

DOTAR LA VIDA DE SENTIDO

Vivir con sentido no es tener más, sino acercarte cada día a la persona que quieres ser.
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Finalmente, con esta imagen clara de quién queremos ser, podemos encontrar el que quizá sea el auténtico propósito de la vida. Uno que no necesariamente está relacionado con producir, sino con ser, como intuían los clásicos. Decía Aristóteles que la mayor aspiración del hombre era la realización plena de su potencial por medio de la virtud y la razón.

Küppers lo explica con palabras más sencillas en el podcast de Uri Sabat. Quizá el único propósito que necesitemos en la vida sea convertirnos en esa persona que aspiramos a ser. Porque “la alegría auténtica no viene con las cosas que puedes tener, sino con cómo quieres ser”.

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