Julio Mariscal Montes
Julio Mariscal Montes
Julio nace en Arcos de la Frontera (Cádiz) un 18 de noviembre de 1922, hijo menor del matrimonio formado por Don Aurelio Mariscal Sandoval, un comerciante de tejidos, y de Doña Josefa Montes Iyázquez. Queda huérfano a los 11 años de edad, siendo desde entonces su gran refugio afectivo su madre, a la cual veneraba.
Tras cursar sus estudios en el colegio Nuestra Señora de las Nieves, en 1949 forma parte del grupo poético Alcaraván, del que está considerado como el más valioso exponente. En 1950 obtiene el título de Maestro Nacional siendo su primer destino el colegio “Primo de Rivera” de Cádiz, y dos años más tarde es trasladado a la localidad de El Bosque, donde coincide con el también maestro Antonio Luis Baena.
Julio formó parte de la llamada “Generación de los cincuenta”, junto a Caballero Bonald, Fernando Quiñones, Ángel González, Claudio Rodríguez, Gil de Biedma y otros.
Fue colaborador o fundador de las revistas, Alcaraván, Platero, Arquero de Poesía, Alcántara, Ágora, La isla de los ratones, Caracola, Cal, Caleta, Capitel, Alor, Ixbilian, El gorrión, Torre Tavira, Alfox, El Cobaya, Rocamador, Anaconda, Bahía, Floresta de varia poesía La Venencia, Liza, Arcilla y Pájaro, Litoral, Güadalquivir, Álamo, Aljibe, Pliego, Pleamar, Madrigal, Llanura, Cumbres, Atzavara, La luna negra, Última poesía religiosa, Punta Europa, Estafeta literaria y varias hispano-americanas.
A veces me pregunto
A veces me pregunto: ¿Sabrá ella
hasta qué oscura meta caminamos?
¿habrá sentido entre mis besos altos
el áspid tenebroso del deseo?
¿Es que, acaso,
has soñado siquiera
que esas quince palomas de tus pechos
se van a hacer vilano entre mis dedos?
¿Pero, es que ignoras, dime,
amor mío, regato en mi costado,
que tus noches de holanda y azucena
van a ser yunque de mis treinta años?
Y entonces -ya la fuente con estrellas
o el Ángelus de miel entre los pinos-
y entonces me pregunta
este tan loco corazón que estalla:
¿Es que lo sabes tú? ¿Es que tú, acaso,
has pasado del abecé del beso,
de la palabta rosa, o de ese encaje
de citas y canciones, niños, parques
y luna sola, allá entre las adelfas?
“CONSUMATUM EST”
A Maruja y José Luis Tejada
YA nunca más. El viento, solo, juega
a rebuscar la vida por tu frente,
mientras el mundo flota sin simiente
y la tarde sin flores se doblega.
Ya nunca. Nunca, El corazón se entrega:
Amor… Piedad… Señor. ¿Cómo se siente?
¿Cómo, Señor, se doma la corriente
de esta sangre podrida y andariega?
Cristo está aquí clavado, remachado
a salivazo limpio por la oscura
cerrazón de la noche en agonía.
Cristo con una rosa en el costado
y la Última Palabra, seca y dura,
colgándole del labio todavía.
XIII
Dijiste: ¡Para siempre!…
Y te marchaste, breve, entre los pinos.
Y yo —¡Dios mío!— me iba preguntando:
¿Qué haré con tanta tarde entre las manos?
¿Qué haré cuando me enrede entre las horas?
¿Cuándo la estrella clave en mí su nombre?
¿Qué harás, corazón mío?
Y ahora —ya el tiempo alfanje entre nosotros—
Me sigo preguntando:
¿Qué haré con tanta tarde, con tanto corazón,
Con tanto barro,
Si no tengo tus ojos para alzarme?
De: Poemas de Ausencia, 1957
El pueblo
El pueblo, ya sabéis:
un puñado de casas, una plaza, una fuente,
una vieja rutina de misas y rosarios,
y luego un horizonte cansado de olivares,
eternos lutos, recuas y canciones;
tres días de verbena para la Cruz de Mayo
y el baile transparente del domingo.
Alguna vez también se muere alguien,
viene el Señor Obispo, cambia el Cabo
de la Guardia Civil… En fin, las cosas.
Los días van hundiendo su escalpelo
en la corteza enorme del hastío,
porque «Pueblo» es sudar; parir; partirse
el alma sobre el yunque o el arado,
sopas de ajo al despuntar el día,
sopas a media tarde y a la noche,
mullirse bien la carne
para la bota enorme del cacique
y madrugadas en que la miseria
vuelve caricatura el pan y el beso.
Pero también el pueblo tiene su espadaña,
su romero, sus niños, sus canciones de rueda,
su leyenda inefable
como un claro «decir» del diecisiete…
Y aquí está ya en su entraña desgarrada,
su abierto corazón para la fusta;
Pueblo de España, elemental, clavado,
remachado entre olivos e intemperie;
pueblo de largas privaciones, pueblo
desamparado y sólo,
Tendido a la campiña como una mano abierta
implorando un poquito de compasión,
un celemín siquiera
de eso que llaman paz, sueños, desvelos….
De: Tierra de Secanos, 1962
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