Sentado en la penumbra aguardo
las palabras. Cuando llegan
ya no soy el mismo pero hay otro
–tú no lo conoces–
que resiste y toma apuntes
y a mordiscos devora el retrato
de un hombre cansado, quieto
en la penumbra que desde hace días
espera partir. Se entrelazan largas
charlas sobre el año próximo
ojalá más sereno que este último
que ya se va, sangriento y desganado.
Sin pestañear el mar mira hacia el cielo
y más abajo, en el fondo cenagoso,
entre residuos africanos hay una fiesta
de peces de colores que fluyen en lo oscuro.
Entre deseo y rechazo, la cabeza
llena de visiones. Solamente el silencio
puede dar el fragmento de un mundo
que comienza. Dormimos acostados en el agua
anclados a algas y arrecifes
contemplando el viaje que se acerca.