Dosis de su carisma venezolano
Martorell dice ser consciente de eso y por eso no quiere tomar la misma decisión que unos 100.000 venezolanos, según autoridades del país vecino: no quiere volver durante la pandemia al país del que se fueron porque se va la luz, no hay agua y los hospitales no tienen insumos.
«Si la cosa ya estaba jodida antes (en Venezuela), imagínate cómo está ahora con el coronavirus», señala.
Nacido en Punto Fijo, una ciudad costera con un pasado pujante de turismo y petróleo, Martorell se siente de clase media y «más criollo que una arepa, una hallaca y un cubito».
Por qué tantos colombianos han colgado trapos rojos en sus casas en medio de la cuarentena por la pandemia
Su padre, de origen español, dejó la familia cuando era niño. Se graduó de bachiller e hizo, en Caracas, una licenciatura en procesos gerenciales que pagó con participaciones en comerciales de televisión. Tiene dos hijos, de 5 y 2 años de edad, y un tercero que puede nacer en cualquier momento. Por estos días vive en un inquilinato en los cerros del sur de Bogotá.
Su primer año en Colombia fue en Cali y lleva dos en Bogotá que ha sobrellevado con actuaciones y discursos en el transporte público, una de las actividades más comunes entre venezolanos.
Pero él intenta dejar a su audiencia con una enseñanza: «No me avergüenzo, porque el trabajo dignifica, y sé que, por cada turno, de cada 10 personas que me escuchan, unas dos o tres les queda mi mensaje (…) Un mensaje de que nada nos hace distintos, que eso que pasa por Cúcuta es un río, la única frontera que tenemos está en la cabeza».
Al menos dos encuestas han revelado que ya son mayoría los colombianos que rechazan la migración venezolana. Organizaciones especializadas han manifestado preocupación por el aumento de casos de xenofobia durante la pandemia. Y personas como Martorell se someten a diario a comentarios como, en sus palabras, «ustedes vinieron acá a robar, se vinieron a cagar a Colombia, devuélvanse a su país».
Diego, sin embargo, dice que los colombianos con «buen corazón» son mayoría. Por eso insiste en darle a los vecinos de barrios acomodados como Chapinero una pequeña dosis de su chispa venezolana, que incluye frases como «limpio casas, paseo perros, arreglo matrimonios; si no soporta a la suegra me la llevo, así esté fea».